Blog de Leyendas e Historias del Camino de Santiago |
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Autor: Alberto Ibáñez
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Santo Grial de O Cebreiro![]() Es el Cáliz donde Jesucristo celebro la Ultima Cena y José de Arimatea recogió la sangre de Jesucristo, cuando el soldado Longinos le hirió con la lanza. Wagner en Parsifal, sitúa tan famosísimo templo en las montañas septentrionales de España, el templo indestructible seria el Santuario de O Cebreiro; y el misterioso Grial el Cáliz de O Cebreiro". Santo Milagro o Milagro del Santo Grial. En O Cebreiro, primer pueblo de Galicia en el Camino a Santiago, se produjo el Santo Milagro también denominado Milagro Eucarístico de O Cebreiro y Milagro del Santo Grial Gallego. A principios del siglo XIV, un campesino de un pueblecito cercano, Barxamaior, subía todos lo días, a oír misa a O Cebreiro. Un día de gran nevada, celebraba la misa un monje y la Iglesia estaba vacía, de pronto entro un hombre en la iglesia y el cura murmuro: "¡Pobre home, vir con este tempo dende tan lonxe, e expoñéndose a morrer no camiño, só para prostrarse ante un pouco e pan e viño..." ("Pobre Hombre, venir con este tiempo de lejos, exponiéndose a morir por el camino, solo para arrodillarse ante un poco de pan y vino.") En ese momento, el cura, vio como la Hostia se transformaba en Carne y el Vino se transformaba en Sangre. El cura se desmayo y el hombre que estaba en la iglesia corrió a atenderlo, pero el cura estaba muerto. El Milagro fue conocido por los REYES CATÓLICOS, que en 1486 peregrinaron y conocieron el milagro y donaron el relicario que, junto con el cáliz, se expone, en caja fuerte, a la contemplación de los fieles que acuden a la Iglesia de Santa María. Los peregrinos alemanes divulgaron el milagro, y Wagner lo incluyo en su obra Parsifal. Un día de Camino en la montaña.![]() Un día de Camino en la montaña. El día amaneció temprano y el despertador cumplió su función con la pereza de trabajar un sábado. Mi cabeza rugió por el sonido horrible y descorazonador, pero sólo tardó un minuto en recordar que hoy no tocaba trabajo. Me esperaba un día de campo. Me preparé con prontitud y antes que me diera cuenta, ya me encontraba en la calle dirigiéndome al bar donde había quedado con Klarín para partir a la sierra. El cielo estaba despejado y más bien caluroso, que cambio con los dos últimos meses. Casi sin sentir ya estaba frente a la estación de Atocha pidiendo un café. No era el único con mochila y pantalones cortos en el bar. Las expresiones eran mucho más alegres que un día de diario. En poco rato apareció mi compañero, y tras terminar un breve desayuno marchamos al punto de encuentro especificado en el foro. Esperaba que alguien más se apuntara, pero no estaba muy seguro, la gente tiene obligaciones y ninguna contestación nos había dado esperanza de compañía. Tampoco nos importó mucho, la marcha de hoy aunque corta, unos 18 kilómetros, era dura y montañera. Queríamos subir al Pico Peñalara, luego recorrer los Claveles, con sus muchísimas piedras que obligan a poner en más de una ocasión las manos, llegando hasta la laguna de los Pájaros, donde almorzaríamos. Y, por fin, volver por la laguna de Peñalara hasta la antigua estación de Cotos donde habríamos empezado la marcha. Este día requería algo más de condición física que una etapa del Camino donde sólo la distancia agota al caminante, hoy se requería buenas rodillas y buen ánimo. A las ocho estábamos en el andén con la pequeña esperanza de alguien más, pero no apareció nadie y nos subimos al tren de cercanías. El andén estaba lleno de grupos de montaña que sonrientes comentaban su próximas andaduras, el buen rollo llenaba el ambiente. El recorrido se hizo corto hablando con mi compañero de nuestras aventurillas camineras y laborales. Ya se sabe que cuando dos peregrinos se juntan se pueden pasar horas charlando de anécdotas y planes. Unas veces hablando, otras escuchando y siempre manifestando cariño por los recorridos a Santiago, llegamos a Cercedilla. Este era el segundo punto de encuentro, pero tampoco apareció nadie. A las 9:40 cambiamos de tren, y cogimos él de vía estrecha que sube con esfuerzo a través de las laderas, siempre entre pinos hasta primero Navacerrada y luego hasta la Estación de Cotos (1.830 metros). El paisaje era precioso pudiendo ver a más de cincuenta kilómetros. Los cuatros colosos de Plaza Castilla se podían distinguir en el horizonte. Los pinos iban abriendo paso al trenecillo pareciendo muchas veces que le ayudaban en la subida por las cuestas. El ambiente dentro era todavía más montañero que en Atocha, aquí todos eran excursionistas que se gastaban bromas y hablaban de anteriores y futuras hazañas. Sin apenas darnos cuenta llegamos a la pequeña estación de fin de recorrido. Algo más fresco que en Madrid pero suficientemente templado para poder caminar en manga corta. El cielo estaba limpio y radiante. Había una competición de triatlón en la cumbre y se podían ver a los ciclistas sufriendo en los desniveles de los senderos. Klarín y yo decidimos empezar tomando nuestro segundo desayuno, en el Camino es una costumbre desayunar un par de veces, y hoy no iba a ser menos. Derechos al chiringuito. Allí cayeron montados de tortilla y beicon con copita de vino para templar la barriga, todos los elementos del cuerpo se tienen que calentar antes del ejercicio. Se estaba tremendamente a gusto sentados en una mesa al sol viendo los bosques albares y oliendo la naturaleza a pocos kilómetros de una ciudad loca como Madrid. Parecía increíble que en tan poco tiempo hubiéramos pasado de un lugar a otro y tanto cambiaran las sensaciones. A las once comenzamos la subida, aquí no hay respiro según empiezas ya estás en cuesta. Al principio con cierta suavidad pero en menos de un kilómetro las rampas se empinan y las piernas empiezan a sentir el esfuerzo. El camino lleva por este parque natural que intenta recuperarse de lo que fueron las antiguas pistas de esquí. Los pinos pronto desaparecen y son sustituidos por enebro rastrero y piornal. Pequeños pinitos de replantación harán desaparecer con el tiempo el recuerdo de las bajadas de los esquiadores. Templando el paso para que no nos agobiara la subida, y que el pobre Klarín no se asfixiara demasiado, fuimos adelantando a numerosos grupos de montañeros. Por momentos hicimos la comparación del Camino en verano. En poco menos de media hora llegamos a un recodo del zigzagueante camino que nos permitió ver el refugio de montaña de Zabala, al fondo se intuía la Laguna grande de Peñalara. El Circo de origen glaciar se podía distinguir perfectamente. Al otro lado se mostraba con nitidez y orgullosa la Bola del Mundo, con sus torres de transmisión y la estación de esquí de Valdesquí. Un poco a la izquierda se encontraban las Cabezas de Hierro y la denominada Cuerda Larga. El cielo azul con algún toque blanquecino de nubes hacía resaltar el verdor de los montes circundantes. Después de las fotos de rigor continuamos la subida que aquí se empina un poquito más hasta llegar a los picos de las Hermanas Menor y Mayor.
En poco más de veinte minutos pudimos llegar a la primera de las cimas. Fue una sorpresa distinguir perfectamente el puerto de Navacerrada, Siete Picos, Montón de Trigo y, sobre todo, la llanura segoviana con las torres de la Catedral. Alucinante paisaje. Nosotros estábamos más cerca del cielo (2.285) y ya habíamos cubierto un desnivel de 450. Nos encontrábamos felices creyéndonos en la cima, todavía nos quedaban los últimos doscientos metros de “subidita”, eso si ya de más suave pendiente. Aquí el aire corría frío y tuvimos que recurrir a la poca ropa de abrigo que llevábamos. Apenas paramos cinco minutos para que el paisaje tomara posesión de nuestros sentidos.
Ya en la cuerda fuimos ascendiendo rodeados de multitud de montañeros, daba gusto ver las dos vertientes, por un lado las llanuras de Castilla y León y por el otro el valle que nos dibuja al fondo el Paular. Son impresionantes las vistas. Hasta la cima la subida es llevadera y no requiere demasiado esfuerzo. El punto geodésico de hormigón nos saludó con un fuerte viento frío. La gente se protegía entre las piedras intentando descansar del esfuerzo.
Nos sorprendió que en un pequeño resguardo estaban celebrando una Misa un grupo de unas veinte personas. Me pareció un lugar maravilloso para orar, no creo que haya iglesia más bella que la que nos proporciona la Naturaleza en su estado puro.
Era incómodo pararse y decidimos continuar nuestro recorrido y parar un poco más adelante. Desde aquí el camino se convierte en sendero y las piedras son las protagonistas. Caminando por un borde estrecho que apenas dejaba poner los pies fuimos avanzando. Había trozos en que se pisaba en el borde de las grandes piedras con la certeza de estar haciendo equilibrios peligrosos de volatinero. En más de una ocasión las manos y el trasero sirvieron de tercer punto de apoyo que nos permitiera continuar.
La adrenalina hizo acto de presencia y una cierta euforia lleno nuestro sentir. El paisaje seguía siendo maravilloso pero la cabeza y los sentidos se tenían que centrar en el siguiente punto de apoyo.
Así fuimos pasando los riscos de los Claveles y, posteriormente, él de los Pájaros. Nos sorprendió la gran cantidad de lagartijas y mariquitas que se solazaban tranquilamente viendo pasar los montañeros. Cuando pasamos el último de los montones de piedras nos sentamos en una de ellas a reposar el tiempo necesario de echar un pitillo que nos relajó y tranquilizó del esfuerzo realizado. Aquí fue donde nos acordamos del Gato y de lo que disfrutaría de esta pequeña aventura. Sin pensarlo dos veces aprovechamos que teníamos cobertura para hablar un rato con él y darle ánimos para que pase estos momentos difíciles. Ya un poco más templados llegamos sobre las dos de la tarde a la pradera de la laguna de los Pájaros. Sin dudarlo soltamos la carga y nos dispusimos a tomar el bocata apoyados en una comodísima piedra con vistas a un agua helada y a las crestas que acabábamos de pasar. Nos parecía increíble desde aquí que hubiéramos sido capaces de pasar por allí. Con la comida llegó el relajo. Me descalcé y sentí como la hierba fresca masajeaba mis calenturientos pies. Que alejada estaba mi cabeza de mi vida urbanita. Estuvimos una hora solazándonos con un techo azul fantástico con alguna que otra nubecilla que realizaba un sin igual cuadro. Sobre las tres de la tarde emprendimos el retorno ya más suave por una serie de praderías que nos hacía pasar por las lagunas glaciares de los Claveles y la laguna Chica de Peñalara.
Nos rodeaban bellas florecillas amarillas que contrastaban con el verde de los prados y piornales. Había trozos en que la bajada era empinada y los pies resbalaban con las piedrecillas. El paisaje continuaba siendo muy bello y el sol aprovechaba para decorarnos la cara con un color rojizo. Pasado el puente de madera que lleva a la laguna grande el sendero se vuelve a convertir en un camino cómodo que en menos de media hora nos dejó en el Centro de interpretación del parque.
A las 17:10 nos sentamos tranquilamente en la terraza de la estación de tren que nos devolvería a casa en un par de horas. El sol calentaba y la cerveza nos refrescaba el gaznate. Nos encontrábamos cansados pero tranquilos y relajados después de un día maravilloso en la Sierra de Madrid. Ahora ya solo quedaba la vuelta al ruido y contaminación, pero los recuerdos de los paisajes nos alegraba el ánimo. 15/06/2008 21:34 Autor: Alberto Ibáñez. Ver todo el texto. Tema: Amigos Camino. No hay comentarios. Comentar. Leyendas y Milagros de San Virila![]() Los milagros de San Virila 0. La Leyenda de San Virila. Una tarde de primavera, en el siglo X, el Abad del monasterio de Leyre, llamado Virila, decidió dar un paseo por el magnífico bosque que rodea al monasterio. Fatigado tras la marcha, se sentó a descansar juntó a una fuente, y entonces escuchó el cantar de un pájaro. Era tan bello ese canto, que el abad quedó absorto y maravillado. Cuando regresó al monasterio, se sorprendió de no reconocer a los monjes ni de que nadie supiese quién era. Al decir que era Virila, el abad, alguien quiso recordar algo oído de tiempo atrás. Buscaron en los archivos del monasterio, y hallaron que efectivamente, Virila había sido abad, pero hacía 300 años, y que había desaparecido en el bosque. Sólo entonces, Virila se dio cuenta que había permanecido todos esos años en éxtasis en la sierra. Esta historia está parcialmente documentada. Es verdad que existió un abad llamado Virila, y también se puede acreditar el culto al santo desde hace muchos siglos. Hoy en día, el monasterio es muy visitado y aunque reconozco su belleza, yo prefiero el pequeño sendero que nos conduce hasta la fuente. 1. Milagro del escéptico necio. El incrédulo le pidió a San Virila que hiciera algún milagro para poder creer. San Virila se resistía un poco: él no creía en los incrédulos. Pero tanto insistió el escéptico que el santo cedió al fin. Hizo un movimiento con su mano y la aldea entera se elevó por el aire hasta quedar flotando como una nube sobre el valle. Aquello, claro, fue un gran desbarajuste. Y no es de extrañar: los santos suelen causar grandes desbarajustes. La gente ya no salía de sus casas, temerosa de caer en el vacío: los huevos que ponían las gallinas rodaban por la calle y se perdían. En fin, un verdadero caos. ¿Qué clase de milagro es éste? –clamaba el incrédulo con desesperación-. Es un milagro necio –le dijo San Virila-. Para un escéptico necio, un milagro necio. Ojalá te aproveche la lección: el milagro que uno pida sólo será milagro si no hace daño a nadie. 2. Milagro de la piedra. San Virila salió de su convento muy temprano y tomó el camino de la aldea. El campo estaba lleno de flores; brillaba el sol; las muchachas lavaban sus largas cabelleras en el río. A lo lejos se oían los gritos y risas de los niños que iban a la escuela. 3. Milagro de las 24 horas. San Virila salió de su convento muy temprano y echó a andar por el camino que conducía a la aldea. Apenas empezaba a amanecer: la primera luz del alba iluminaba con tenue resplandor el lejano perfil de la montaña. -Tendrá 24 horas, como todos. -Ahí tienes 24 milagros -le dijo entonces San Virila apresurando el paso-. No los desperdicies. El hombre, que no era tonto, supo que el santo le había dicho la verdad. Se entristeció por todos los milagros que había desperdiciado a lo largo de su vida, pero se alegró también por los milagros que aún tenía frente a sí. 4. Milagro de las aguas del río - Como los habitantes de Marburgo se negaban a creer, San Virila hizo un milagro: alzó su mano y las aguas del río comenzaron a fluir hacia arriba. Entonces los habitantes de Marburgo se convirtieron a la religión. Días después, Virila visitó la impía ciudad de Glazinger, cuyos pobladores se revolcaban en el fango de la depravación. Largos días les predicó, para iluminar las caliginosas tinieblas de sus almas con la luz salvadora de la fe. Pero ellos lo oían como quien oye no llover. Desesperado, San Virila hizo un ademán y el sol detuvo su curso en las alturas. Viendo aquel prodigio los pecadores cayeron de rodillas y a grito abierto imploraron el bautismo de la salvación. -Grandes milagros haces, maestro bueno -decían a San Virila sus discípulos-. Pero él les respondía con tristeza: -Jamás podré hacer el milagro mayor: que los hombres crean en Dios sin necesidad de ver milagros. 5. Milagro de los pantalones El incrédulo le pidió a San Virila algún milagro para poder creer. San Virila hizo un movimiento con su mano y al incrédulo se le cayeron los pantalones. Toda la gente se rió de él. -Ese no es un milagro -dijo mohíno el hombre al tiempo que se levantaba los pantalones. -¿Ah no? -sonrió el santo-. ¿Qué es un milagro? Contestó el hombre, atufado: -Milagro es, por ejemplo, mover una montaña. Le replicó Virila: -No hay diferencia alguna entre mover milagrosamente una montaña y mover milagrosamente un pantalón. Milagros son milagros. Si no quieres de unos no pidas de otros. 6. Milagro de las cinco misas. Aquella mañana San Virila dio de comer a un perrillo vagabundo que llegó a las puertas del convento. Luego visitó a un hombre enfermo. En seguida escuchó a una pobre anciana solitaria que no tenía a nadie con quien hablar. Después consoló a una niñita que lloraba. Por último se puso a ver desde la ventana de su celda la hermosura del paisaje. Lo interrumpió el hermano Ambrosio. -Padre -le dijo-, me manda el superior a preguntar a Vuestra Reverencia si ya dijo su misa. -Sí, -contestó sonriendo suavemente San Virila-. Comunícale que ya dije cinco misas. 7. Milagro de la niña en el camino Camino de su convento iba San Virila. El día era de los más crudos del invierno; soplaba un viento frío y parecía el cielo una sólida plancha de congelado plomo. Temblaba San Virila al caminar, envuelto sólo en la delgada tela de su hábito de monje. En eso vio a una niña que iba también por el camino. Sus pies descalzos se hundían en la nieve. Hizo San Virila un ademán y del cielo bajó un rayito de sol que cubrió a la pequeña y le dio su luz y su calor. Conforme la niña iba avanzando aquel rayo de sol derretía la nieve y ponía en el camino un mullido césped como alfombra para los pies de la niñita. Vieron aquel milagro lo aldeanos y preguntaron con asombro a San Virila: -¿Por qué no traes otro rayo de sol para ti, y otro para cada uno de nosotros? Y respondió Virila: -Un milagro, si se repite mucho, deja de ser milagro 8. Milagro de la catedral San Virila dijo a los incrédulos que en el centro del pueblo levantaría una catedral. Se rieron los infieles. ¿Dónde estaban los albañiles? ¿Dónde la piedra y la madera? ¿Dónde los planos de los arquitectos? San Virila se arrodilló y se puso en oración para pedir a Dios el milagro de una catedral. De pronto se abrió la bóveda celeste y descendió a la tierra una miríada de ángeles: ángeles albañiles. ángeles carpinteros, ángeles escultores, ángeles vidrieros. Traían consigo grandes piedras, y vigas, y hermosas láminas de cristal, versicolores y brillantes. Y comenzaron a trabajar los ángeles, y en unos minutos plantaron los cimientos, y las paredes del majestuoso templo comenzaron a surgir. Pero en eso llegó una caterva de funcionarios que atosigaron a San Virila con preguntas. ¿Tenía permiso para la construcción? ¿Los planos fueron aprobados? ¿Pertenecían los ángeles al sindicato? ¿Estaban asegurados? ¿Se habían pagado los impuestos, cuotas, derechos, alcabalas, aprovechamientos, arbitrios, gravámenes, tributos, cargas, gabelas, censos y contribuciones? No se hizo la catedral, naturalmente. Quedaron abandonados los cimientos y en ruinas las paredes. Después los infieles se burlaban de San Virila. -¿Lo ves? -le decían- No existen los milagros. 9. Milagro del incrédulo El incrédulo le pidió a San Virila que hiciera un milagro para poder creer. -¿Qué clase de milagro quieres? -le preguntó el santo. -El que sea -respondió con desafiante voz el hombre-. Basta que sea un milagro. San Virila hizo un ademán y el escéptico quedó convertido en mosca. Rió la gente, y San Virila se sonrió también viendo a la mosca que revolaba en torno suyo. Entonces hizo otro ademán y el hombre volvió a su ser normal. -Una cosa has aprendido -le dijo San Virila-. Antes de pedir un milagro debemos pensar muy bien el milagro que vamos a pedir. El hombre cambió. No se volvió creyente, pero sí se hizo un poco menos tonto. Y eso, tratándose de cualquiera, es un milagro. 10. Milagro de escuchar. Los aldeanos se conmovieron al ver aquel prodigio: en medio del campo, de pie sobre una roca, estaba predicando San Virila. Lo escuchaba una devota congregación de bestezuelas: ciervos del bosque, conejos y ardillas de los prados, aves que suspendieron su vuelo para oírlo, peces que sacaban del río sus cabezas doradas y plateadas, como en una pintura de Giotto. -¡Milagro! -prorrumpió la muchedumbre. Los hombres y las mujeres de la aldea se reunieron en torno de Virila, y escucharon en silencio su predicación. Bajó la vista el santo, y miró a la gente que lo oía con atención igual a la que ponían las criaturas animales. Al ver eso San Virila gritó también: -¡Milagro! 11. Milagro del gatito Iba San Virila por una calle de la aldea cuando vio a un gatito sin dueño que tiritaba de frío entre la nieve. Se conmovió el santo con el sufrimiento de aquella bestezuela. Dijo en silencio una oración y del cielo bajó un rayito de sol que calentó al minino. Continuó su camino San Virila. El también tiritaba: sus hábitos de pobre no le daban calor ni lo cubrían. Le preguntó una anciana: -¿Por qué no haces el milagro de que otro rayo de sol baje para ti? Respondió San Virila: -Cuando el milagro lo haces para ti ya no es milagro. Entendió la mujer: el milagro más grande que hay es el amor sin egoísmo. 12. Milagro del loco San Virila iba por las calles del pueblo. En el pueblo las gentes se persignaban al pasar frente a la iglesia. San Virila no. San Virila se persignaba al pasar frente a la casa de la viuda que sufría de soledad y de pobreza. San Virila se persignaba ante el mendigo astroso y desgarrado que pedía limosna en una esquina. San Virila se persignaba cuando pasaba el niño del que los otros se burlaban porque no tenía papá. Y las gentes se sonreían viendo que San Virila no se persignaba al pasar frente a la iglesia, y que se persignaba ante los hombres y ante el cielo. Y decían las gentes: -Está loco. 13. Milagro del escepticismo En tono desafiante le dijo a San Virila aquel incrédulo: -A ver: hazme un milagro. La gente de la aldea aguardó llena de expectación. Alzó una mano San Virila y descendió de lo alto una hermosa paloma blanca que revoleó sobre el incrédulo un instante y luego le dejó caer una caca en la cabeza. Con grandes risotadas se burlaron los aldeanos del descreído, y éste se fue mohíno y atufado. Tomó San Virila el camino que llevaba a su convento. Cuando estuvo lejos del pueblo se detuvo, levantó al cielo la mirada y dijo: -¡Lo que tenemos que hacer, Señor, para combatir el escepticismo de los hombres! 14. Milagro de los novicios San Virila se sentó en su lugar, el último en la gran mesa del refectorio conventual. Habían llegado seis novicios nuevos. Todos habían oído hablar de los milagros que hacía San Virila. -Padre -se atrevió a decir uno-. Háganos usted un milagro. Respondió con una sonrisa San Virila: -Después de la comida hablaremos de milagros. Se sirvió la humilde pitanza del convento: la sopa de lentejas; el potaje de habas; el blanco pan y el queso; el vaso de agua clara. Al terminar de comer se persignó San Virila, dio gracias a Dios y se levantó para seguir sus trabajos en el huerto. -Padre -le preguntó el novicio-. ¿Y el milagro que nos iba a hacer? -El milagro nos lo acabamos de comer -sonrió otra vez San Virila-. El pan de cada día es un milagro. 15. Milagro del albañil Pasaba San Virila junto a la catedral en construcción cuando uno de los albañiles perdió pisada en lo alto y se precipitó al vacío. El santo oyó su grito, hizo un ademán, y el hombre vino al suelo con suavidad, oscilando como una pluma de ave, y llegó abajo sano y salvo. Miró un incrédulo el prodigio y comentó con burla: -Eso no es un milagro: eso es un truco. -También lo hago al revés -le dijo San Virila. Hizo otro ademán y el hombre salió disparado hacia el cielo como un cohete, y se perdió en las nubes. -No se inquieten -tranquilizó Virila a los asustados aldeanos-. Esperaré su regreso y lo haré descender como una pluma, igual que al otro. Entonces ya no le importará saber si lo que hago es un truco o es un milagro. 16. Milagro de las criaturas. En la plaza del pueblo un incrédulo detuvo a San Virila y le pidió un milagro. Andaba de buen humor el santo, y cuando los santos andan de buen humor es cuando hacen más milagros. Así, levantó la mano, y la plaza se llenó de pájaros canoros, de mariposas coloridas, de miríadas de insectos voladores. Trinaban los pájaros, danzaban las mariposas en el aire y zumbaban los insectos en perfecto contrapunto. -¡Milagro! -gritó el incrédulo junto con todos los aldeanos. Y dijo San Virila: -Cada criaturita de éstas es un gran milagro. Milagro es el gorrión, milagro la mariposa, milagros la abeja y la chicharra. Lo único que hice fue juntarlos para que ustedes, ciegos a los milagros de cada día, los pudieran ver. Ahora regresaré al convento y rezaré a fin de que el Señor me haga el milagro de abrirles los ojos, para que puedan ver que todo en la vida es un milagro, que toda vida es un milagro. 17. Milagro de la flor montesa San Virila salió de su convento esa mañana. Iba sonriendo: acababa de rezar los maitines de Nuestra Señora -era día de la Asunción-, y las oraciones marianas siempre le dejaban el alma anegada en alegría. Al ir por el camino vio una flor. Era una humilde flor montesa, pero semejaba un joyel: tenía una gota de rocío en la corola, y al sol la gota se irisaba igual que el brillo de un diamante. El primer impulso de San Virila fue cortarla para ofrecerla a la Virgen en su altar, pero pensó que la pequeña flor se veía mejor así, en el campo, viva y abierta a la luz del sol de Dios. Cuando volvió en la tarde a su convento San Virila se sorprendió al ver el monte lleno de flores, igual que un cielo cuajado de estrellas de colores. La pequeñita flor se había vuelto mil; el monte todo era un florido altar. Abrió los brazos el buen monje y alabó a la Virgen, y fue su propio corazón como una flor abierta en el crepúsculo a la luz del sol de Dios. 18. Milagro de la piedra y el pájaro San Virila no podía convencer a los incrédulos. Le dijeron: -Haz un milagro y creeremos. Se alejó el santo con tristeza: aquellos hombres no querían fe, querían circo. Entonces uno de la turba tomó una piedra y se la arrojó. Le iba a pegar en la cabeza, pero poco antes de llegar la piedra se convirtió en un pájaro que se posó en el hombro del buen fraile. San Virila lo tomó en su mano, le acarició las plumas de la cabecita y lo puso después sobre la tierra. Ahí el pájaro fue piedra otra vez. -Es un milagro el pájaro y es un milagro la piedra -les dijo San Virila a los incrédulos-. Toda criatura del mundo y toda cosa son fruto de un gran milagro que cada día se renueva. Los que quieren ver más prodigios a más de ése son ciegos que nada pueden ver. 19. Milagro de las tinieblas de la noche Los incrédulos le pidieron a San Virila un milagro para poder creer. El santo hizo un movimiento con su mano y las tinieblas de la noche apagaron el esplendor del día. Los escépticos cayeron de rodillas y le pidieron entre lágrimas que les volviera otra vez la luz del sol. Hizo él un segundo movimiento, y de nuevo brilló la claridad. -Estos que ustedes llaman milagros -dijo a la multitud- son cosas que vemos cotidianamente. A la luz del día suceden las sombras de la noche. Todo lo que sucede en torno nuestro es un milagro que ni siquiera vemos. El mayor milagro sería que aprendiéramos a ver los milagros que nos rodean. Se volvió San Virila a su convento. Iba muy triste, pues todos los que habían creído cuando llegaron las tinieblas dejaron de creer cuando otra vez vieron la luz. 20. Milagro pequeñito Los incrédulos le pidieron a San Virila que hiciera algún milagro para poder creer. -¿Qué clase de milagro quieren? -les preguntó Virila. -Uno muy grande -respondieron ellos. -Todos los milagros son grandes -les dijo San Virila-, aun los más pequeños. Haré, entonces, un gran milagro pequeño. Tomó un poco de barro en su mano, le dio la forma de un gusanito y luego sopló sobre él. Cobró vida el barro, y trepó el gusanito por el brazo de San Virila para esconderse bajo la manga de su hábito. -Demasiado pequeño es el milagro -habló, burlón, uno de los escépticos-. Nuestra fe, por lo tanto, será también pequeña. San Virila le contestó: -La fe no es del tamaño del milagro. La fe es del tamaño del corazón de quien la tiene. Y cuando la fe se lleva en el corazón ni siquiera necesita de milagros. Leyenda de Eunate-Olcoz Leyenda de Eunate-Olcoz Narrada por un maestro cantero. Habiéndome sido encargada la talla del pórtico de Santa María de Eunate, me sentía pletórico y halagado. Decidí recluirme para sentir la inspiración divina y así poder realizar una obra maestra, pero al volver, hallé que un gigante cantero dotado de poderes sobrenaturales, que ya había concluido el trabajo que me había sido encomendado.
20/01/2008 19:04 Autor: Uxama. Ver todo el texto. Tema: Historias y leyendas. No hay comentarios. Comentar. Compostela. Mi humilde opinión![]() COMPOSTELA. Mi humilde opinión. Siempre me ha resultado curioso este documento. Es otorgado por el Cuerpo Catedralicio de la Catedral de Santiago a todos aquellos que han llegado a Santiago presentando una credencial, que debe demostrar haber pasado por los últimos 100 kilómetros andando o 200 en bicicleta. No otorga ningún beneficio espiritual ni material y simplemente sirve de justificante de un recorrido. 15/01/2008 11:41 Autor: Uxama. Ver todo el texto. Tema: Amigos Camino. No hay comentarios. Comentar. Historia de Roldan y Ferragut![]() Historia de Roldan y Ferragut Una de las leyendas carolingias más extendidas por el Camino de Santiago narra el combate entre el caballero Roldán, sobrino de Carlomagno y el Gigante Ferragut. Cerca de Nájera, tras pasar el alto de San Antón y junto al Camino, existe un cerro conocido como Poyo Roldán, donde se sitúa uno de los legendarios escenarios de aquel singular combate. Cuenta la leyenda que se le anunció a Carlomagno que en Nájera había un gigante del linaje de Goliath, llamado Ferragut, que había venido de las tierras de Siria, enviado con veinte mil turcos por el emir de Babilonia para combatirle. El no temía las lanzas ni la saetas, y poseía la fuerza de cuarenta forzudos. Por lo cual acudió Carlomagno a Nájera en seguida. Apenas supo Ferragut su llegada, salió de la ciudad y los retó a singular combate, es decir un caballero contra otro. Entonces le fue enviado por Carlomagno en primer lugar el dacio Ogier, a quien el gigante, en cuanto lo vio solo en el campo, se acercó pausadamente y con su brazo derecho lo cogió con todas sus armas, y a la vista de todos lo llevó ligeramente a la ciudad, como si fuera una mansa oveja. Este gigante medía casi doce codos de estatura, su cara tenía casi un codo de largo, su nariz un palmo, sus brazos y piernas cuatro codos, y los dedos tres palmos. Luego Carlomagno mandó a combatirle a Reinaldos de Montalbán, y en seguida con un solo brazo se lo llevó a la cárcel de su ciudad. Después se envió al rey de Roma Constantino y al conde Hoel, y a los dos al mismo tiempo, uno a la derecha y otro a la izquierda, los metió a la cárcel. Por último se enviaron veinte luchadores, de dos en dos, e igualmente los encarceló. Visto esto y en medio de la general expectación, no se atrevió Carlomagno a mandar a nadie para luchar con él. Sin embargo Rolando, apenas consiguió permiso del rey, se acercó al gigante, dispuesto a combatirle. Pero entonces el gigante lo cogió con sólo su mano derecha y lo colocó delante de él sobre su caballo. Y al llevarlo hacia la ciudad, Rolando, recobradas sus fuerzas y confiando en el Señor, lo cogió por la barba y en seguida lo echó hacia atrás sobre el caballo, y los dos al mismo tiempo cayeron derribados al suelo. E igualmente ambos se levantaron de tierra inmediatamente y montaron en sus caballos. Entonces Rolando con su espada desenvainada, pensando matar al gigante, partió por mitad de un solo tajo a su caballo. Y como Ferragut quedase desmontado y le lanzase grandes amenazas mientras blandía en su mano la desenvainada espada, Rolando, con la suya, golpeó al gigante en el brazo con que la manejaba y no lo hirió, pero le arrancó la espada de la mano. Entonces Ferragut, perdida la espada, creyendo pegarle a Rolando con el puño cerrado, golpeó en la frente a su caballo, y el animal murió al instante. Finalmente a pie y sin espadas lucharon con los puños y con piedras hasta las tres de la tarde. Al atardecer, Ferragut consiguió treguas de Rolando hasta el día siguiente. Entonces concertaron que al otro día acudirían los dos al combate sin caballos ni lanzas. Y acordada la lucha por ambas partes, cada uno regresó a su propio albergue. Al amanecer del día siguiente llegaron a pie, cada uno por su parte, al campo de batalla, como se había acordado. Ferragut llevó consigo la espada, pero de nada le valió, pues Rolando se había llevado un bastón largo y retorcido con el que le estuvo pegando todo el día y sin embargo no le hirió. Hasta el mediodía y sin que a veces se defendiese le golpeó también con grandes y redondas piedras que abundantemente había en el campo, y no pudo herirle en modo alguno. Entonces conseguidas treguas de Rolando, vencido del sueño comenzó a dormir Ferragut. Y Rolando, como cumplido caballero que era, puso una piedra bajo su cabeza para que durmiese más a gusto. Ningún cristiano, pues, ni aun el mismo Rolando, se atrevía a matarlo entonces, porque se hallaba establecido entre ellos que si un cristiano concedía treguas a un sarraceno, o un sarraceno a un cristiano, nadie le haría daño. Y si alguien rompía deslealmente la tregua concedida, era muerto en seguida. Ferragut, pues, cuando hubo dormido bastante, se despertó, y Rolando se sentó a su lado y comenzó a preguntarle cómo era tan fuerte y robusto que no temía espadas, piedras ni bastones. -Porque tan sólo por el ombligo puedo ser herido, contestó el gigante. Hablaba él en español, lengua que Rolando entendía bastante bien. Entonces el gigante comenzó a mirar a Rolando y a preguntarle así: --Y tú, cómo te llamas? --Rolando, contestó este. -De qué linaje eres que tan esforzadamente me combates?, preguntó. Y Rolando dijo: Soy oriundo del linaje de los francos. Y Ferragut instistió: De qué religión son los francos? Y respondió Rolando: Cristianos somos, por la gracia de Dios, y a las órdenes de Cristo estamos, por cuya fe combatimos con todas nuestras fuerzas. Entonces, al oir el nombre de Cristo, dijo el pagano: Quién es ese Cristo en quien crees? Y Rolando explamó: El Hijo de Dios Padre, que nació de virgen, padeció en la cruz, fue sepultado, de los infiernos resucitó al tercer día y volvió a la derecha de Dios Padre en el cielo. [Sigue una larga y digresiva discusión de los puntos centrales de la doctrina cristiana, en la que Rolando habla con toda la autoridad de un clérico y el pagano Ferragut se muestra del todo ignorante de la fe cristiana; por muy fuerte que fuera, le confunden las sutilezas del dogma. Se debaten, entre otros puntos, cómo Dios puede ser tres y todavía uno; cómo una virgen pudo concebir; cómo Cristo, siendo Dios, pudo morir, y cómo, estando muerto, pudo resucitarse (reacción de Ferragut: «Rolando, por qué me dices tanta tontería? Es imposible que un hombre muerto vuelva de nuevo a la vida»); cómo Cristo pudo haber ascendido al Cielo (respuesta de Roldán: Ves la rueda del molino: cuanto desciende de las alturas a lo profundo otro tanto asciende desde lo hondo a lo alto. [...] Tú mismo, si acaso bajaste de un monte, bien puedes volver de nuevo al sitio de que descendiste.) De modo que lo que había comenzado como una lucha entre los franceses y un gigante llega ahora a ser una prueba doctrinal:] -Entonces, concluyó Ferragut, lucharé contigo, a condición de que si es verdadera esa fe que sostienes, sea yo vencido, y si es falsa, lo seas tú. Y el pueblo del vencido se llene eternamente de oprobio, y el del vencedor en cambio de honor y gloria eternos. -Sea, asintió Rolando. Y así se reemprendió el combate con mayor vigor por ambas partes, y en seguidaRolando atacó al pagano. Entonces, roto el bastón de Rolando, se lanzó contra él el gigante y cogiéndolo ligeramente lo derribó alsuelo debajo de sí. Inmediatamente conoció Rolando que ya no podía de ningún modo evadirse de aquél, y empezó a invocar en su auxilio al Hijo de la Santísima Virgen María y, gracias a Dios, se irguió un poco y se revolvió bajo el gigante, y echó mano a su puñal, se lo clavó en el ombligo y escapó de él. Entonces el gigante comenzó a invocar a su dios con voz estentórea, diciendo: Mahoma, Mahoma, dios mío, socórreme que ya muero. Y en seguida, acudiendo los sarracenos a estas voces, le cogieron y llevaron en brazos hacia la ciudad. Rolando, empero, ya había vuelto incólume a los suyos. Entonces los cristianos, junto con los sarracenos que llevaban a Ferragut, entraron en brioso ataque en la ciudadela que estaba sobre el poblado. Y de esta manera murió el gigante, se tomó la ciudad y el castillo, y se sacó de la prisión a los luchadores.. En el año 778 muere en Roncesvalles el conde de la Marca de Bretaña tras un ataque a la retaguardia del ejército de Carlomagno cuando regresaba de una campaña en la Península Ibérica. El cantar de Roldán, el más antiguo de los cantares de gesta franceses, convirtió a Roldán en modelo de caballero cristiano en cruzada contra los infieles. El cantar de Roldán cuenta como el héroe cae en una emboscada que han acordado Ganelón, su envidioso padrastro, y el rey sarraceno Marsilis. La desigual ycruenta batalla se decide del lado musulmán, muriendo caballeros como Oliveros yTurpín. Roldán decide tocar su cuerno Olifante en busca de ayuda y, agonizante, intenta romper en vano su espada Durandal para que no caiga en manos del enemigo. Cuando llega Carlomagno es demasiado tarde. En represalia, el rey franco vencería a los sarracenos en Baligant, y tras regresar a Aix, mandaría ajusticiar al traidor Ganelón La tradición se encarga de que la leyenda de Roldán perdure y se agrande en los nuevos reinos cristianos peninsulares, favorecida por el interés de los reyes en mantener viva la cruzada contra el infiel. 30/12/2007 12:40 Autor: Alberto Ibáñez. Ver todo el texto. Tema: Historias y leyendas. No hay comentarios. Comentar. Historia del Gallo y la Gallina de Santo Domingo![]() Historia del Gallo y la Gallina de Santo Domingo Cuenta la tradición que entre los muchos peregrinos compostelanos que hacen alto en esta ciudad para venerar las reliquias de Santo Domingo de la Calzada, llegó aquí un matrimonio alemán con su hijo de dieciocho años llamado Hugonell, procedente de Ad Sanctos (Xanten en la diócesis de Münster, pero hasta 1821 del Arzobispado de Colonia). La chica del mesón donde se hospedaron se enamoró del joven Hugonell, pero ante la indiferencia del muchacho, decidió vengarse. Metió una copa de plata en el equipaje del joven y cuando los peregrinos siguieron su camino, la muchacha denuncio el robo al Corregidor. Las leyes de entonces (Fuero de Alfonso X el Sabio) castigaban con pena de muerte el delito de hurto y una vez fue prendido y juzgado, el inocente peregrino fue ahorcado. Al salir sus padres camino de Santiago de Compostela, fueron a ver a su hijo ahorcado y, cuando llegaron al lugar donde se encontraba, escucharon la voz del hijo que les anunciaba que Santo Domingo de la Calzada le había conservado la vida. Fueron inmediatamente a casa del Corregidor de la Ciudad y le contaron el prodigio. Incrédulo el Corregidor contestó que su hijo estaba tan vivo como el gallo y la gallina que él se disponía a comer. En ese preciso instante el gallo y la gallina saltando del plato se pusieron a cantar. Y desde entonces se dicen los famosos versos:SANTO DOMINGO DE LA CALZADADONDE CANTO LA GALLINA DESPUÉS DE ASADAEn recuerdo de este suceso se mantienen en la Catedral un gallo y una gallina vivos durante todo el año. Siempre son de color blanco y proceden de donaciones de devotos del Santo, cambiándose las parejas cada mes. El resto del tiempo permanecen en un gallinero que la Cofradía de Santo Domingo mantiene en su domicilio social. Frente a esta hornacina que se construyó hacia 1445 y debajo de una ventana románica se conserva un trozo de la madera de la horca del peregrino. En el Archivo de la Catedral se conserva un documento de 1350 con indulgencias que 180 Obispos conceden " a la Catedral de La Calzada, donde hay un gallo y una gallina blancos, a quienes devotamente giren en torno al sepulcro del Santo, recitando el Padrenuestro, Avemaría y Gloria". Historia del milagro La primera parte de esta leyenda, la historia del peregrino ahorcado, se cuenta en muchísimas colecciones medievales de milagros, atribuyéndose el milagroso sostenimiento del romero al mismo Santo Domingo, a Santiago, o a Santa María. El milagro suele situarse en la ciudad francesa de Tolosa; la nacionalidad de la familia varía entre alemana y francesa; pero el milagro siempre es el mismo. Se puede comparar, por ejemplo, las versiones manejadas en los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo (milagro número 6), Cantiga de Santa María número 175 de Alfonso X, el sabio, y el Codex Calixtinus. La segunda parte, el prodigio del gallo y la gallina, pretende apoyar la verdad del primer milagro, y es propia de Santo Domingo de la Calzada. Entrando a la iglesia del pueblo, el peregrino medieval podía ver una caja de hierro que encerraba un gallo y una gallina, descendientes, se afirmaba, de las aves asadas que cantaron. Los peregrinos recogían las plumas caídas de las aves sagradas, o se las pedían al sacristán, y las exhibían, orgullosos, en sus sombreros. Se decía, además, que si las aves comían las migajas de pan que los romeros les subían en las puntas de sus bastones, era una señal cierta de que llegarían salvos a Compostela. Hasta hoy en día los cantos del gallo en la iglesia se considera signo de buen augurio. El peregrino Hermann Künig en el siglo XV afirma haber visto el cuarto donde las aves echaron a cantar y el horno donde fueron asadas. Otros documentos de peregrinos recuerdan que la camisa del peregrino ahorcado se conservaba en la iglesia y que la horca misma estaba puesta en lo alto de una de sus paredes. Estos artefactos se han perdido, pero el famoso Gallinero de Santo Domingo de la Calzada, sin duda la más curiosa decoración de jamás ha ostentado iglesia del mundo, con su marco gótico tardío y sus rejas doradas, sigue alojando a un gallo y una gallina blancos, descendientes de aquellas aves que cantaron después de asados. 30/12/2007 12:17 Autor: Alberto Ibáñez. Ver todo el texto. Tema: Historias y leyendas. Hay 1 comentario. ¿Qué es año Jacobeo?![]() ¿Que es Año Jacobeo?
Ambiéntate leyendo algo sobre la historia del Camino y la peregrinación: te ayudará a sentirte un eslabón más de la gran cadena de peregrinos que te ha precedido, conseguirás sublimar el esfuerzo físico y psicológico a realizar (las comodidades en el viaje son pocas y el cansancio puede ser importante) y te prepararás mentalmente para disfrutar mejor de la gran experiencia cultural en que se convierte el recorrido. Año Santo o Jubilar es un tiempo en el que la Iglesia concede singulares gracias espirituales a los fieles a imitación de lo que la Biblia dice del Año Jubilar de los israelitas: cada 7 años era Año Sabático. El caso es que fue el Papa Calixto II, en 1122, quien, dada la magnitud que alcanzaba la peregrinación a Santiago, decidió distinguir al santuario compostelano con el "Privilegio jubilar" o de los "Años Santos", dispensador de gracias muy singulares. Ratificada esta concesión por Alejandro III por la Bula en 1179, se establece en ella que serán "Años Santos Compostelanos" aquellos en los que el día 25 de julio, festividad del martirio de Santiago, coincida en domingo. Hasta ahora ha habido 118 celebraciones jubilares. Es curioso constatar que la pasada de 1993 coincidió con la plena entrada del "Acta Única" que configura una nueva Europa sin fronteras, situación muy unida al fenómeno europeísta de la peregrinación a lo largo de los tiempos. El próximo año Santo es el 2010.
Gracias jubilares del Año Santo:Indulgencia plenaria (bajo las siguientes condiciones): - Visitar la catedral recitando alguna oración por ejemplo el Padre Nuestro o el Credo, orando por las intenciones del Romano Pontífice. - Recibir los Sacramentos de la confesión (15 días antes o 15 días después de la visita). - Comulgar tras la confesión. Un capítulo especial merece la "apertura de la Puerta Santa", con la que se inicia el Año Jubilar. Se abre en la tarde del 31 de diciembre del año precedente. Entonces, el Arzobispo de Santiago derriba desde el exterior, tras golpearlo por tres veces, el murete que tapia la llamada "Puerta Santa", sita en la girola catedralicia. Desde ese momento permanecerá abierta todo el "Año", hasta el siguiente 31 de diciembre en que será de nuevo tapiada.
23/12/2007 17:29 Autor: Alberto Ibáñez. Ver todo el texto. Tema: Documentación. No hay comentarios. Comentar. La Compostela y la Bendición al peregrino![]() La Compostela y la Bendición al peregrinoAl entregar la credencial, el peregrino o peregrina recibe un documento con orla característica de hojas de roble y vieiras jacobeas en el que se hace constar en latín el nombre del peregrino, y es firmada en la actualidad por el Secretario Capitular de la Iglesia Compostelana. La traducción al idioma español del texto dice así:
23/12/2007 17:00 Autor: Alberto Ibáñez. Ver todo el texto. Tema: Documentación. No hay comentarios. Comentar. Primera charla Centro Las Palmeras![]() Primera Charla Centro las Palmeras En el Camino, he oido muchas veces a los hospitaleros y a peregri- nos repetidores que ellos intentan devolver através de su esfuerzo una parte de lo que el Camino les ha dado. Así, trabajan ayudando a los noveles y cuidando del buen estado de las instalaciones, sin cobrar nada por ello. Yo ayer practiqué algo de eso y, aunque no estuve físicamente en el Camino, mi esfuerzo explicativo fue encaminado hacia ese objetivo.
Estuve durante hora y media explicando a un grupo de chavales entre catorce y diecinueve años lo que para mi era este itinerario. Vi en sus caras la ilusión y la alegría de conocer algo nuevo, donde se mezclaba la historia, la leyenda, la aventura y el esfuerzo físico. Ellos preguntaban y mostraban su interés por conocer más, dándome cuenta, por sus comentarios y por sus ojos brillantes, atentos siempre a las fotografías de un mundo nuevo y diferente al suyo. Ellos desde jóvenes están viviendo un encierro vigilado por unos actos repudiados por la sociedad, pero de los que no los considero culpables, ellos simplemente son el resultado de un entorno perverso y defectuoso. Los niños y los jóvenes son esponjas que absorven el conocimiento y los actos de la gente que les rodea. Ellos han tenido la mala suerte de nacer en familias y barrios mal construidos y han emprendido caminos inadecuados. Ellos viven en centros cerrados con agentes seguridad que les controlan y cachean, para que no se les olvide donde están y que hicieron. Los monitores, todos muy jóvenes, ejercen de correctores de comportamiento, dando todo el amor y disponibilidad que pueden. Labor admirable y a mi parecer impagable.
La entrada y salida me pareció claustrofóbica, y me resistía a creer que fuera un centro penal para menores. La tristeza me inundó el alma y me propuse entregarles mis conocimientos haciéndoles ver el lugar donde yo me he sentido más libre de ataduras, el Camino. Considero que ayer sentado en una silla y mostrando una credencial, una compostela y algunas de mis fotos, fui más humano. Luché por entregar lo mejor de mi, o por lo menos lo intenté con todas mis fuerzas. La credencial![]() La credencial La revitalización del Camino, ocurrida en los últimos años, ha propiciado la creación un modelo oficial de credencial para el peregrino. Sin embargo, conviene saber que se puede peregrinar sin ese documento oficial. Un cuaderno es igualmente válido, siempre y cuando antes de iniciar el Camino se haga sellar por una parroquia, o cualquier otro centro católico. La credencial, no hay que olvidarlo, es un documento que no sólo sirve para poder alojarse en los albergues. Su principal misión es obtener la Compostela, una gracia religiosa. La credencial oficial, impresa en cartulina, consta de 14 páginas que se abren en forma de acordeón. Se trata de un impreso destinado a servir de carta de presentación a cumplimentar por una parroquia, asociación cristiana, abadía, cofradía, etc. al inicio del Camino. Las páginas del interior están destinadas a colocar los sellos con la certificación de paso en albergues, parroquias, cofradías, etc. Cumplida la peregrinación, en la Oficina de Acogida del Peregrino de Santiago (sita en la Rúa do Vilar, 1) se estampa la fecha y el sello, al tiempo que otorga la Compostela. La credencial se entrega en Asociaciones, Parroquias, Cofradías, Obispados, Asociaciones de Amigos del Camino, o en el lugar donde se inicia el Camino. Algunas estaciones de RENFE también la ofrecen. Hay que tener en cuenta: - La credencial sólo se entrega a los peregrinos a pie, bicicleta o a caballo, que desean hacer la peregrinación con sentido cristiano, aunque sólo sea en actitud de búsqueda. La credencial tiene el objetivo de identificar al peregrino; por eso la institución que le presenta deberá ser una parroquia, cofradía, etc. La credencial no genera derechos al peregrino. Tiene dos finalidades prácticas: Permite el acceso a los albergues que ofrece la hospitalidad cristiana del camino, y es la credencial que sirve para solicitar La "Compostela" en la catedral de Santiago, que es la certificación de haber cumplido la peregrinación. La "Compostela" se concede solo a quien hace la peregrinación con sentido cristiano: devotionis affectu, voti vel pietatis causa (motivada por la devoción, el voto o la piedad). Y además se concede sólo a quien hace la peregrinación hasta la llegar a la Tumba del Apóstol, al menos los 100 últimos kilómetros a pie y a caballo, ó 200 en bicicleta. - La credencial del peregrino, por tanto, sólo puede expedirla la Iglesia a través de sus instituciones (obispado, Parroquia, Cofradía, etc. o, en todo caso, a través de instituciones que estén autorizadas por la Iglesia, como pueden ser las Asociaciones del Camino). Sólo así podrá concederse la "Compostela" en la S. A. M. I. Catedral de Santiago. - Los refugios carecen de subvenciones y deberían mantenerse, dentro de su austeridad, con la colaboración de los peregrinos (limpieza, cuidado de las instalaciones, facilitar el descanso, ayuda económica...). - A los grupos organizados con coche de apoyo o en bicicleta, se ruega que busquen cobijo alternativo distinto de los refugios de peregrinos. 16/12/2007 18:05 Autor: Alberto Ibáñez. Ver todo el texto. Tema: Documentación. No hay comentarios. Comentar. Peregrinos![]() Los peregrinos A lo largo de las distintas rutas que llevan a Santiago de Compostela han transitado personas de toda índole y condición: peregrinos de buena fe, por condena judicial o canónica, juglares, pordioseros, vagabundos, aventureros, prófugos, bandidos... Los penitentes religiosos realizaban el camino movidos por una necesidad personal, sentían un deseo incontenible de visitar el lugar en el que reposaban los restos del Apóstol Santiago para lograr una relación personal con él. Otros peregrinos, hacían el camino para cumplir una promesa efectuada al Apóstol si les ayudaba a salir con bien de alguna difícil situación. Cumpliendo también una promesa emprendían el viaje gentes que habían estado muy enfermas. Y los que estaban enfermos hacían el camino en busca de curación. Así mismo, estaba el viajero que realizaba la peregrinación como castigo, impuesto bien por la autoridad eclesiástica, o por jueces civiles. Pero no todos los que emprendían el camino lo hacían por motivos píos, algunos "peregrinos" perseguían un beneficio económico. Había penitentes por delegación o encargo de terceros, varios recorrían el trayecto por un deseo de conocer mundo, otros se veían obligados a viajar por cláusulas testamentarias, que ponían como condición para acceder a una herencia acercarse a Santiago. Y también estaban presentes los ladrones, negociantes sin escrúpulos o herejes.
Una de las razones del aumento del número de peregrinos fue la instauración de la institución del Jubileo por el Papa Calixto II, que en 1122 posibilitó que todos aquellos viajeros devotos que se pusieran en camino en Año Santo -cuando la festividad del Apóstol, 25 de julio, cayese en domingo- y cumpliesen los requisitos venturosos de la peregrinación, se verían liberados de casi todos sus pecados. Esto provocó que el número de peregrinos que realizó el camino en el siglo XII ascendiera a la impresionante cifra de 200.000. 16/12/2007 14:55 Autor: Uxama. Ver todo el texto. Tema: Documentación. No hay comentarios. Comentar. Albor, esplendor y decadencia de la peregrinación![]() Albor, esplendor y decadencia de la peregrinación El rey Alfonso II manda edificar sobre el sepulcro una sencilla iglesia y comienzan a llegar visitantes a la tumba del Apóstol. En el año 844, otro fenómeno sobrenatural daría el definitivo espaldarazo a la figura de Santiago como encarnación de la Reconquista. El 23 de mayo en Clavijo, cerca de Logroño, el rey Ramiro I de Asturias se enfrenta a las tropas musulmanas de Abderramán II en clara desventaja numérica. En pleno fragor de la batalla, el apóstol Santiago aparece espada en mano a lomos de su famoso caballo blanco atacando a los infieles. Los cristianos vencen contra pronóstico y el mito jacobeo traspasa definitivamente los Pirineos. Nace el apelativo de Santiago Matamoros. En el siglo X la peregrinación a Compostela es un hecho consolidado en la cristiandad. Es la época del camino de la costa, más seguro que los del interior, expuestos a las correrías árabes. Será a partir del año 1000 cuando se popularicen las peregrinaciones a Santiago, como antes lo hicieran los romeros con Roma o los palmeros con Jerusalén. Los monarcas comprendieron que mantener el Camino libre y expedito era asegurarse una vía de vital importancia económica, comercial y militar para controlar su territorio. Dos son los reyes que más apoyarán la ruta jacobea: el navarro Sancho III el Mayor y el castellano Alfonso VI. El Camino se dota de una serie de infraestructuras (calzadas y puentes) y de lugares asistenciales para el peregrino. Fundamentales en este campo han sido las órdenes religiosas hospitalarias, entre las que destaca la de Cluny.
El camino de Santiago ha significado en la historia europea el primer elemento vertebrador del viejo continente. El hallazgo del sepulcro del primer apóstol mártir, supuso encontrar un punto de referencia indiscutible en el que podía converger la pluralidad de concepciones de distintos pueblos ya cristianizados, pero necesitados en aquel entonces de unidad. Conscientes de la importancia que suponía tener una reliquia como los restos de Santiago el Mayor para sus intereses militares –necesitaban guerreros y dinero en su lucha contra los moros, las monarquías españolas colaboraron activamente en el éxito del camino santo. Los soberanos de Aragón, Navarra y Castilla se esforzaron por atraer a sus dominios a gentes ricas y poderosas de otros países, por lo que utilizaron todos los medios a su alcance para seducirlos. Intercambios de presentes, política de matrimonios y proclamación de los favores que otorgaba el Apóstol si uno iba a visitar su sepulcro. La creencia cada vez más extendida en los milagros de Santiago provocó que la gente comenzara a peregrinar hacia Santiago de Compostela para obtener su gracia.
El primer peregrino conocido fue Gotescalco, obispo de Puy, el año 950, en unión de una importante comitiva; más tarde recorrería el camino Raimundo II, marqués de Gothia, quien sería asesinado en el trayecto, y un siglo después visitaría la tumba del apóstol el arzobispo de Lyon. Y junto a estos peregrinos ilustres caminaron creyentes de todas las condiciones, cada vez en mayor número. El camino de Santiago ha ido unido indisociablemente a la cultura, a la formación y a la información. Cuanto se decía, predicaba, contaba, cantaba, esculpía o pintaba en el camino alcanzaba siempre a más gente y a más lugares. Gracias a su influjo en el arte y la literatura, Compostela junto con Jerusalén y Roma se convirtió en meta de la sociedad cristiana, especialmente a partir del siglo XI al XIV. El camino, fenómeno peregrinatorio jacobeo, llegaría a ser un foco catalizador de toda la sociedad cristiana. La primera eclosión en las peregrinaciones a Santiago se produce en los siglos XI y XII, coincidiendo con el esplendor del arte románico. En 1122 el Papa Calixto II proclama Año Santo Jacobeo aquel en el que el 25 de julio coincida en domingo. Multitudes de gentes comienzan a llegar de todas partes de Europa dando un toque cosmopolita a las ciudades por las que pasa el itinerario. El Camino Francés es el más utilizado y por Roncesvalles se constatan miles y miles de peregrinos en estos años, más tarde con la conquista de Zaragoza se habilitaría el ramal de Somport a Puente La Reina. Las antiguas calzadas romanas de Burdeos a Astorga, pasando por Vitoria y Briviesca, y de Astorga a Iria Flavia sirven de base a la ruta jacobea y surgen gran cantidad de burgos y ciudades que acogen una nueva clase urbana de artesanos y comerciantes, la mayoría francos.
A partir del siglo XIV el Camino entra en declive, la peste negra ha diezmado la población europea, la cristiandad comienza a dividirse (los protestantes consideraban las peregrinaciones como actos populacheros), el mundo se ensancha y los monarcas dedican sus esfuerzos a conquistar nuevos mundos. En los siglos XVII y XVIII se mejoran las comunicaciones y el Camino recobra parte del prestigio y recibe peregrinos ilustres, sin embargo en el XIX los librepensadores, los descubrimientos científicos, la revolución industrial y el desarrollo urbano no se llevan bien con un modo de vida con reminiscencias medievales. Fue tan aguda la crisis que en 1884 el papa León XIII tuvo que declarar verdaderos los restos del Apóstol reaparecidos en unas excavaciones (se habían escondido en el siglo XVI ante las amenazas de las incursiones inglesas comandadas por el pirata Francis Drake). Hoy en día la peregrinación a Santiago parece recobrar el esplendor de antaño, y en 1985 la UNESCO declaró la ruta jacobea como Patrimonio Universal de la Humanidad. 16/12/2007 13:28 Autor: Alberto Ibáñez. Ver todo el texto. Tema: Documentación. No hay comentarios. Comentar. ¿Quién fue Santiago?![]() ¿Quién fue Santiago? El Camino es el fin, y la tierra, polvorienta y de asfalto, es el medio de transitar por él. El Finis Terrae romano y anteriormente celta es el destino de miles de personas durante estos años de comienzo del milenio. Parece ser que antes de la aparición del cuerpo del apóstol Santiago ya se iba a Finis Terrae, y allí miles de hombres sintieron aquel "religioso horror" al ver apagarse el sol en las aguas del océano.
El resurgimiento peregrinal, sobre todo desde el Año Jacobeo -1993- es un hecho que los estudiosos sociales tendrán que analizar. La mezcla de reto deportivo con religiosidad, con búsqueda de lo auténtico y de uno mismo, todo ello escoltado por estilos románicos y góticos, entre caballeros templarios y monjes benedictinos, entre hayas y trigos, entre castaños y carvallos, entre leyendas y milagros hacen del Camino de Santiago una experiencia singular. El marketing de las diferentes Comunidades Autónomas ha hecho el resto. Para muchos el recorrido del Camino de Santiago se convierte en peregrinaje cuando se encuentran con las raíces religiosas e históricas de Europa, cuando renuevan un camino de transformación interior, y cuando caminan al ritmo de otros siglos. Desde el descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago en Compostela, en el siglo IX, el Camino de Santiago se convirtió en la más importante ruta de peregrinación de la Europa medieval. El paso de los innumerables peregrinos que, movidos por su fe, se dirigían a Compostela desde todos los países europeos, sirvió como punto de partida de todo un desarrollo artístico, social y económico que dejó sus huellas a lo largo de todo el Camino de Santiago. El centro de la tradición jacobea es la creencia de que el cuerpo de Santiago está enterrado en el sepulcro de Compostela. Corría el año 813 después de Cristo cuando el obispo de Iria Flavia, Teodomiro, avisado por el eremita Pelayo de la existencia de unas luces misteriosas, informó al rey asturiano Alfonso II del descubrimiento milagroso de una tumba que contenía los restos mortales del apóstol Santiago.
Hay varios Santiagos en el Nuevo Testamento, por ello es preciso identificar bien a nuestro Santiago, al que se le añade el apelativo: "Santiago, el Hijo de Zebedeo o el Mayor". Era el hermano mayor de Juan, el Apóstol, y originarios de Betsaida habitaban en la cercana Cafarnaún, trabajando en el negocio familiar de pesca en las riberas del Lago de Genesaret; pertenecían, pues, a una familia de modestos propietarios con su padre Zebedeo. Estaban asociados con otra pareja de hermanos, Pedro y Andrés, en la industria de la pesca del lago para cuyo trabajo contaban con empleados ocasionales. De este círculo de pescadores, Jesús se llevó sus cuatro primeros discípulos: Pedro y su hermano Andrés, Santiago y su hermano Juan. Santiago, pues, gozaba de especial confianza y relación con Jesús, como uno de los discípulos básicos, destacándose con Pedro y Juan del resto de los discípulos, obteniendo el puesto de testigo privilegiado en los momentos más importantes. El mismo Jesús apodó a Santiago y a Juan con el sobrenombre de "hijos del trueno" seguramente por su arrojo y decisión. Santiago aparece como una persona apasionada, capaz de ponerlo todo en juego; un hombre que arrasa por su empuje y que no se para a echar cálculos y medir consecuencias. Una vez muerto Jesús, Santiago forma parte del grupo inicial de la Iglesia Primitiva de Jerusalén. Herodes Antipas I lo escoge, igual que a Pedro, como figuras representativas para dar un escarmiento a la comunidad cristiana y contentar a los judíos. Y así termina Santiago: Herodes lo hace decapitar con la espada allá por los años 41-44, convirtiéndose en el primer apóstol en verter su sangre por Jesucristo. Según la tradición, a la muerte de Jesús los apóstoles se repartieron los lugares en que debían predicar, correspondiéndole a Santiago España y las regiones occidentales. Las leyendas jacobeas recogen dos versiones acerca de la presencia del Apóstol Mártir en la península hispánica; la primera afirma que recorrió Asturias, Galicia, Castilla y Aragón predicando la palabra de Dios con escaso éxito. Relata además que durante esta misión se le apareció la Virgen junto al Ebro, sobre una columna, y allí se le ordenó construir una iglesia. La segunda versión sostiene que tras el martirio, su cuerpo fue llevado en barco por sus discípulos desde Jerusalén hasta Iria Flavia, en el Finisterre. Aquí la historia y la leyenda se funden para crear un relato colorista. Una vez decapitado, su cuerpo fue arrojado fuera de la ciudad como pasto de perros y fieras, pero sus discípulos al caer la noche, lo recogieron y lo llevaron al puerto de Jope, donde providencialmente apareció una embarcación aparejada y sin tripulación. Al séptimo día de navegación arribaron a la desembocadura del río Ulla, en Galicia. Al depositar el cuerpo del maestro en una gruesa roca, ésta cedió como si fuera de cera hasta convertirse en el sarcófago del santo. En cuanto atracaron, el cuerpo del apóstol fue llevado por los aires 12 millas hasta el lugar donde hoy se le venera. En la catedral de Santiago se conserva la roca donde dicen que fue atada la barca que trajo el cadáver del santo. Con la "aparición" del cuerpo del apóstol se inició lo que hoy conocemos como la ruta compostelana: "El camino de las estrellas". 16/12/2007 02:52 Autor: Alberto Ibáñez. Ver todo el texto. Tema: Documentación. No hay comentarios. Comentar. San Guillermo de Arnotegui![]() Historia de San Guillermo de Arnotegui Entre brumas de historia y leyenda, sabemos que Felicia era hija de los duques de Aquitania. Un buen día -al final del primer milenio de la era cristiana- se fue en peregrinación hasta la tumba del Apóstol Santiago en Galicia. Allí, en Compostela, ganada por el fervor de los romeros, decidió continuar su vida en el silencio, escapando de la corte, de su alcurnia y riquezas, en humilde servicio a Dios. En el viaje de regreso, a su paso por el tramo jacobeo navarro, decidió quedarse para siempre en Amocain, nucleo hoy despoblado, próximo a Aoiz, donde disimuló su condición, escondió su rango y vivió tranquila. Cuando los que le acompañaban llegaron a Aquitania y refirieron lo sucedido, su hermano Guillermo, valentón y pendenciero fue a buscarla a su retiro. Se encontraron. Guillermo le recordó el honor de su estirpe, los sueños que sobre ella habían trenzado sus padres, su concertado matrimonio. Felicia se negó a seguirle. Discutieron y el caballero, en un arrebato de ira, acabó con su vida. Enseguida se sintió dominado por terribles remordimientos, que le impulsaron a peregrinar, también, hasta Compostela, en busca de absolución. La obtuvo, pero le fue impuesta como penitencia pasar el resto de su vida entregado a la oración, como ermitaño. Así lo hizo, eligiendo la zona de Arnotegui, perteneciente a Obanos. Allí lloró su crimen y, al borde del Camino, consoló peregrinos, socorrió pobres y mereció la santidad. Las reliquias de Santa Felicia se conservan en Labiano, dentro del templo de San Pablo. Según la leyenda, aunque murió en Amocain y allí fue enterrada, su sepultura floreció milagrosamente y un día su ataúd apareció en medio del campo. Se decidió entonces, como otras veces en la Edad Media, colocar los restos de la santa sobre una mula y sepultarlos en el lugar donde ésta se detuviese. El animal anduvo y anduvo, deteniéndose al fin, exhausto, a unos 19 kilómetros, en Labiano, en el lugar que hoy ocupa el santuario de Santa Felicia. Por su parte, las reliquias de San Guillermo se veneran en la ermita de Arnotegi –en el tramo aragonés del Camino, ya cerca de Obanos y Puente la Reina-, a poco mas de 25 kilómetros de donde descansan los restos de su hermana. |
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